Hay quien dijo que lo más profundo es la piel. Como sea, la piel es la frontera con el mundo. La superficie de la belleza y el lugar de las heridas. Aunque lo disimule, el ojo también es piel. Una particularmente vulnerable. El exterior/interior se organiza en la mirada. Este espacio tiene que ver con la construcción de un modo de mirar. Una forma de subjetividad a través de un modo de mirar teatro.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Premio Teatro del Mundo 2013

Onofre Lovero (1925/2012)
Premio Homenaje 2013
Este jueves 28 a las 4 de la tarde, en la sala Batato Barea del Centro Cultural Rojas, Corrientes 2038, se entregarán los premios Teatro del Mundo en su 16a edición.
Estos galardones otorgados por el Área de Historia y Teoría Teatral del Centro Cultural Rojas, se diferencian de otras distinciones porque incluye trabajos destacados (no nominaciones) y un Premio Mayor en cada rubro.. Entre los rubros originales sobresalen Adaptación, Espectáculos Extranjeros, Traducción, Ensayística, Labor en Edición, Revistas, Fotografía Teatral, Diseño de Títeres, Objetos, Accesorios y Mecanismos Escénicos, Teatro para Niños, así como Premios Especiales, este año Teatro en San Juan, Teatro en Bahía Blanca, Teatro en Entre Ríos y Teatro en Patagonia.
¡Felicitaciones a los teatristas destacados este año!

Lista de destacados por rubro

sábado, 9 de noviembre de 2013

Entrada Invitación: Los dones de la piedad

Marionetas Orsini
Un banquete inesperado para los sentidos

Por Patricia Lanatta *


El titiritero ingresa desde la platea, sube al escenario y agita suavemente sus manos,  en adelante, su cuerpo es el instrumento que articulará lo que sigue, sencillamente un espectáculo sublime, que pide a gritos silenciosos: “piedad, señores, piedad”.
Sobre el escenario están ellos, sus personajes: objetos y marionetas muy diferentes desde su estructura y materialidad, sin embargo todos, absolutamente todos, coinciden en algo: su fragilidad. Una iluminación tenue los descubre de a poco, suspendidos algunos desde un perchero. Desde una caja, de cartón y envejecida, surge un mono que apenas si se anima a salir de su guarida. Sabe (y nos lo hace saber) que necesita del titiritero para ser. Nos regala en el piano a escala de su pequeño cuerpo, unas breves melodías y, a pedido de Orsini, se retira de la escena, no sin refunfuñar. Se lo puede imaginar con historia de pianista en bares lejanos en el tiempo. Los dedos de Orsini se desdibujan hábilmente, entre los hilos de esta marioneta, y con movimientos minuciosos y delicados, lo vemos pensar, vacilar y tocar un pianito de juguete.  Aparece luego, una suerte de almita perdida, diminuta, sin rostro. Una figura (marioneta) metafórica, que bien puede representar a cualquiera de nosotros, los espectadores, en alguna circunstancia desesperada. Sólo quiere volar un poco y luego se va. Para esta marioneta los movimientos son más largos y fugaces; sólo se aquieta ante el abrigo de su manipulador.
Los títeres de Rubén Orsini –por lo menos en esta versión- apelan a aquellos seres desposeídos, no sólo de bienes materiales sino de esos tesoros espirituales  que sólo el tiempo y el amor pueden aliviar. También está presente –por alguna íntima razón- la vejez. Y ahí está el marionetista, para infundir a sus criaturas piedad, tanta. De su mano llega un mendigo, de edad avanzada, hambriento y lastimado. Las manos de Orsini se enguantan para alimentarlo y, al mismo tiempo, son las del personaje. Los cuadros se suceden con gran intensidad, la música en todo momento enriquece las situaciones dramáticas y recalan en el humor, porque también las criaturas de Rubén Orsini pueden provocar la risa de la vida misma.

Uno con otro

En el espectáculo sólo vemos UNO: títere y titiritero. Uno le da vida al otro y éste le aporta su materia para simplemente ser y dejar de ser. El rostro de Orsini marca el pulso de las emociones en cada historia de vida: cuando acuna a un viejo enamorado, que se despide de su amada, por ejemplo. El personaje se construye con una cara, un saco y las manos del titiritero que se asoman de las mangas, para abrazar a una mujer con figura de madera, aunque a nuestros ojos es etérea. Casi hasta adivinamos que en su juventud pudo ser bella, a juzgar por su armoniosa figura. En este cuadro hay mecanismos muy interesantes, que se desprenden desde un sombrero del titiritero para articular un hombre que deberá empezar a duelar, aunque no solo. Hay más personajes: una dama de edad madura, que busca una noche de amor y se confunde con el cuerpo del titiritero en besos y pasión. Sólo una cabeza y un pilotín bastan para recrear la escena. Una antigua muñeca a cuerda, como salida de un circo de una época de antaño, que toca muchos instrumentos mientras entrecierra sus ojos; un títere equilibradamente animado con la técnica de manipulación directa. Sobre el final, el espectador conocerá a otro anciano, descreído, que sin embargo aprenderá que todavía es posible soñar. En este cuadro los mecanismos creados por Orsini son sorprendentes.

Hay pericia, creatividad y poesía en este material que nos brinda Rubén Orsini, con una enorme comprensión puesta en las vidas que anima. Ciertamente es un unipersonal bello, escrito para titiritero solista y marionetas que no hablan. No es necesario, son sus cuerpos los que dicen. De pie, con aplausos estruendosos, como para que este Rosarino (en apariencia tímido) vuelva a salir detrás del telón, el público se va asombrado, después de haber hecho catarsis frente a las distintas realidades de los protagonistas; hecho que subraya la excelencia de un artista, de cosecha nacional.
Ficha Artística:
Marionetas Orsini
Libro, interpretación y dirección: R. Orsini
Diseño de marionetas y objetos: R. Orsini

Funciones: viernes de noviembre, 20 hs.
Sala Raúl González Tuñón
Centro Cultural de la Cooperación – Corrientes 1543



* Periodista, crítica e investigadora teatral

jueves, 24 de octubre de 2013

Campos de color

 "Creo que el problema no está en ser abstracto 
figurativo.  Lo que hay que hacer es ponerle fin a ese 
silencio y a esa soledad, respirar y extender los brazos 
de nuevo", Mark Rothko

 Untitled, Mark Rothko, 1969
Hay ropas por todas partes, cubriendo el piso, las paredes; ropa colgada. Para llegar a sus asientos, los espectadores deben caminar sobre un tendal  de ropas usadas. Un cuadrilátero tapizado de ropas que conservan gestos de cuerpos ausentes. Estallidos de color, texturas como pinceladas densas, irregulares. Un juego de intensidades compone este espacio abstracto que asalta sensorialmente a los desprevenidos espectadores. Superficies que albergan una interioridad sin nombre.
Cuando empecé a escribir Pueden dejar lo que quieran -sostiene Rubio-  comencé a pensar en la acumulación de ropa y a pensar en un espacio. En la ropa también como un símbolo contenedor y, a partir de esa idea, la posibilidad de construir un espacio, un edificio, una arquitectura que fuera el lugar donde la obra sucediera, donde el espectador anduviera y donde los actores se movieran”. Un universo de telas y color que dicen sin decir.
 Rubio construye un espacio abstracto que dialoga con las formas intrínsecas del relato. “Los espacios que yo construyo en mi imaginación - afirma el teatrista-  son concretos pero totalmente abstractos a la vez”. Un espacio que, tiene que tener -enfatiza- un correlato con la historia, con la palabra en niveles de complejidad estructural. Pero no cualquier palabra. Rubio interviene sobre la palabra y pondera  el silencio como elementos nucleares de  su universo poético.[1]
La  pintura de Mark Rothko  es  una metafísica de la abstracción. Con sus espacios extensos  y bloques de color, vibrantes, me remite de algún modo el espacio creado  por nuestro dramaturgo.
Formas simples, rojas, naranjas, dramáticas en su contundencia. Rectángulos que, lejos de mantener su autonomía, expanden sus límites. Difusos, contaminan el fondo. Un espacio potente. Misterioso. Que conecta a los espectadores con lo humano, individual y colectivo.  
El relato propio entre relatos otros de formas indefinidas, que Rubio plantea en su teatro, evocan el arte de Rothko. Esas figuras geométricas, silenciosas, humanas en su imperfección, que alimentan y son alimentadas por el fondo común donde parecen fundirse.




Fragmento de Las texturas de la memoria, Lydia Di Lello, ponencia presentada  en el reciente IX |Coloquio Internacional de Teatro de Montevideo, sobre la obra-instalación de Fernando Rubio Pueden dejar lo que quieran, ya comentada en este espacio. 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Serie Cerro. El festín de la escena Cerro



Tu teatro acabalgado de asombro asombra, asoma de tanta poesía.
Arturo Carrera

"La profusión entre barroca y kitsch de Cerro aparece también en la puesta de Las Tilas, dice la crítica: “En Las Tilas se encuentra otra vez su barroquismo posmoderno, en forma y contenido. Un caudaloso reciclaje de materia de desecho, que arroja a borbotones para que estalle”. Los protagonistas nos cuentan pormenores de una función antológica:

En el estreno en el Die Schüle, –narra Roberto López– no teníamos escenografía, solo unos telones de Elba Bairon pintados en un rojo fogoso que usábamos de telón de fondo y dos sillas viejas. Cuando Emeterio llegó de Francia y vio eso no le satisfizo completamente, quería algo más barroco. Entonces salimos muy tarde de noche a buscar algo por las calles ya que al otro día era el estreno. Fuimos con Rodolfo Sanz y él encontró unas bolsas cerradas en la calles, a la espera del basurero municipal. Las abrimos y eran infinidad de panes duros. Nos miramos los tres y coincidimos: llenamos el escenario de panes duros. Luego, como se cortó la luz, Sanz llenó el escenario de 250 velas y así salimos al público y a la crítica.

Los personajes hiperbólicos de nuestro dramaturgo se mueven en este espacio habitado de objets trouvés que encienden la imaginación. Del mismo modo, el cuerpo de sus actores hace carne ese universo del exceso".

Fragmento de El festín de la escena Cerro, Lydia Di Lello. 
Publicado en la Revista on line Palos y Piedras del CCC 

domingo, 1 de septiembre de 2013

El vuelo del cuerpo

El país del espejo. Ana Armas, Daniela Fiorentino. Dirección: Inés Armas
Una reina roja viene remolineando desde el fondo virtual de un espejo falso. Una figura mágica  que abre el mundo poético del dislocamiento. El disloque del tiempo y del espacio de todo viaje imaginario. En El país del espejo la imaginación viaja desde el cuerpo de una niña, Juana, inspirada en aquella Alicia, la de A través del espejo.
 La fábula parte, en rigor, de una pintura en el extremo del escenario que se vuelve personajes. Una pantalla sobre la que se proyectan imágenes deviene ese espejo falso que crea el espacio ilusorio que organiza la acción.
La danza aérea es aquí el  recurso que transforma el cuerpo cotidiano de Juana en un cuerpo extraordinario. Ana Armas crea la ilusión de caminar sobre este espacio virtual, se replica, se desdobla. Su imagen se disloca en este espejo ilusorio, se mueve a destiempo y atraviesa el aire.
Su cuerpo de niña se pliega y repliega transitando por los arabescos de su imaginación de la mano de la Reina Roja de Ajedrez, Daniela Fiorentino, que desmadeja un cuerpo vibrante de colores, texturas y gestualidad clownesca. Ella anima con sutileza sus criaturas, los títeres que vienen a habitar el espacio escénico.
Danza aérea, clown, títeres, video. Este cruce de lenguajes genera una multiplicación de espacios que resulta en una multiplicación de cuerpos interactuando en escena. El cuerpo real de las actrices, el cuerpo virtual del espejo y el cuerpo de los títeres interactuando con el cuerpo de los espectadores, chicos y adultos atrapados por este viaje fabuloso.
Niña y reina se tensan, se pierden, se encuentran. La reina insiste en tomarle las medidas a Juana, ella grácil, se escapa del  centímetro, esto es, del mundo del disciplinamiento. En cambio, accede gustosa cuando la reina juega a dirigir sus movimientos con una bombilla, que funciona como un joystick. Es el mundo lúdico al que Juana no se resiste. Juego de dobles y dislocamiento del espacio son el elemento poético elegido para que este personaje se escape del orden.
Finalmente, los seres fabulosos que acompañan a Juana vuelven a fundirse en la planimetría del cuadro indicando el  fin del viaje. Un viaje de cuestionamiento a la identidad como reafirmación de la identidad. Es hermoso viajar, pero también volver a casa, el lugar del nombre.



lunes, 5 de agosto de 2013

Diálogo con el teatrista Jorge Eines

Tercer Congreso Internacional Artes en Cruce
Los espacios de la memoria
Memorias del porvenir

En el marco de la conmemoración de los cincuenta años de la Carrera de Artes
6 al 11 de agosto de 2013

Mesa.
El director teatral Jorge Eines en diálogo con Lydia Di Lello
Exilio, dirección teatral, pedagogía, entre España y la Argentina

Jueves 8 de agosto de 2013, 17 a 18 horas
Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti
Sala Casullo
Avenida del Libertador 8151 –Ciudad Autónoma de Buenos Aires



martes, 23 de julio de 2013

La actuación teatral

Este miércoles 24 de julio, a las siete de la tarde, en el marco del X Congreso Argentino de Historia del Teatro Universal, presentamos el libro La actuación teatral: estudios y testimonios (Editorial de la Universidad Nacional del Sur, Bahía Blanca , 2013).
El texto incluye mi Desde la técnica hacia el talento. Actores entrenándose con Jorge Eines, una suerte de puesta en práctica de un modo de mirar; mi registro de un seminario de formación actoral de este prestigioso director y catedrático en  interpretación. 


Centro Cultural Ricardo Rojas
Auditorio Abuelas Plaza de Mayo
Corrientes 2038 Planta Baja - Ciudad Autónoma de Buenos Aires