Hay quien dijo que lo más profundo es la piel. Como sea, la piel es la frontera con el mundo. La superficie de la belleza y el lugar de las heridas. Aunque lo disimule, el ojo también es piel. Una particularmente vulnerable. El exterior/interior se organiza en la mirada. Este espacio tiene que ver con la construcción de un modo de mirar. Una forma de subjetividad a través de un modo de mirar teatro.

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domingo, 12 de abril de 2015

Las piruetas de la muerte

Foto: Yamila Mónaco
Alguien atrasa el reloj, lo adelanta, como si eso fuera posible. En todo caso, el tiempo de la vida es amenazado por la hora señalada de la muerte y eso sí es posible.
El tiempo de la vida y el tiempo de la muerte  conforman el eje dramático alrededor del cual se desarrolla la acción vertiginosa de Arlequín, Pierrot, el Dottore y Colombina redivivos. El lenguaje de La Commedia dell’arte late enérgico en Tamorto (Romance de Arlequín y la muerte), presentado en el marco del Festival Humoris Causa que se desarrolla por estos días en el Centro Cultural de la Cooperación. 
Tamorto despliega infinidad de técnicas teatrales. En el ímpetu de la acción se echa mano a los recursos del clown, del bufón, del payaso de circo. Todo marcado por la música, el canto, la percusión. Máscaras que se desenmascaran para tomar un respiro de la acción, enternecen en su vulnerabilidad.
Como señala irónicamente el título de la pieza, Arlequín está sentenciado desde un principio. Morirá a las doce pero en “el entre” de la muerte que es la vida, Tamorto nos regala la risa. 

Ficha técnica
Actúan: Jorge Costa, Emiliano Larea, Julia Muzio, Fernando Pérez, Valeria Stilman
Músicos: Fernando Pérez
Vestuario: Almendra Vestuarios
Escenografía: Jorge Costa, Emiliano Larea, Fernando Pérez, Valeria Stilman
Máscaras: Alfredo Iriarte
Diseño de luces: Jorge Costa, Emiliano Larea, Roberto Sánchez
Diseño gráfico: Julia Izaguirre
Vestuario: Almendra Vestuarios
Escenografía: Jorge Costa, Emiliano Larea, Fernando Pérez, Valeria Stilman
Máscaras: Alfredo Iriarte
Diseño de luces: Jorge Costa, Emiliano Larea, Roberto Sánchez
Diseño gráfico: Julia Izaguirre
Dirección musical: Fernando Pérez
Dirección: Jorge Costa, Roberto Sánchez
Prensa: tehagolaprensa

Funciones
Viernes 23 horas. Belisario Club de Cultura
Corrientes 1624 Ciudad Autónoma de Buenos Aires

lunes, 13 de octubre de 2014

EN CARTEL

El árbol-dios de Los Malditos
Oscuro, obsesional, el singularísimo universo de Roberto Arlt se despliega en Los Malditos, esta reapropiación del mundo arltiano a partir de La Fiesta de Hierro y otros textos.
Lo siniestro se instala en el centro  de esta farsa trágica donde un árbol se metamorfosea en Baal Moloch, un dios de los antiguos cananitas, un dios devorador que bien podría ser de estos tiempos. 

Ficha técnica
Versión: Adrián Blanco, José Páez
Actúan: Nayi Awada, Atina del Valle, Jorge Diez, Sol Janik, Marcela Jove, Francisco Oriol, Julio Pallares, Claudio Pazos, Hilario Quinteros
Músicos: Carlos Ledrag  
Diseño de vestuario: Marta Albertinazzi
Diseño de escenografía: Marcelo Valiente Diseño de luces: Leandra Rodríguez
Diseño sonoro: José Páez 
Asistencia de vestuario: Analía Morales
Asistente de producción: Marina Kryzczuk 
Asistencia de dirección: Marina Kryzczuk
Prensa: Silvina Pizarro Producción: Adriana Pizzino
Dirección: Adrián Blanco
Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543, CABA
Viernes y Sábados , 22.30 horas

domingo, 28 de septiembre de 2014

EN CARTEL

“La palabra que surge del amor se derrama en todos los que estén cercanos y alertas. 
Algo así como el silencio que sobreviene de madrugada en los habitantes de la
 selva cuando un tigre irradia desde su garganta el inconfundible rugido nocturno”.
Un clima penumbrosamente íntimo, acordes musicales y la palabra poética que se derrama entre los cuerpos de actores y espectadores. Esto es
Un tigre en la boca. Manual de los amantes.

Ficha técnica
Textos: Jorge Boccanera, Patricia Díaz Bialet, Juano Villafañe y Laura Yasan. Actores: Ingrid Pelicori, Martín Urbaneja, Ana Yovino, Sebastián Richard. Música: Fede Marrale/ Nicolás Olivera.
Fotografía: Alejo Olmos. Asistente de dirección: Tony Chávez.
Producción: Pablo Silva.
Dirección: Hugo Urquijo
Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543). Sábados 19:15 horas.

lunes, 25 de agosto de 2014

Diálogo con Alejandro Tantanian


Hace poco compartimos una sabrosa charla con el teatrista Alejandro Tantanian a propósito de su discurso de dirección, en el marco del XI Congreso Argentino de Historia del Teatro Universal. Estos son algunos fragmentos:
• No quería tridimensionalizar un texto bidimensional, esto es, pasar el texto de la hoja al escenario, simplemente pararlo, sino encontrar un discurso que fuese un discurso de dirección aun a contrapelo del texto mismo.
• Cada puesta tiene alguna palabra o dos o tres que forman aquellas cosas que están todo el tiempo  dando vuelta en el escenario sin necesidad de que sean dichas. Son palabras que uno puede traducir en sonidos, en actitudes, en tensión con los actores y eso es el algo que empieza a construir un sentido de una manera muy sorda...
• Los mansos fue el espectáculo en donde claramente trabajé con la gramática de la poesía; me olvidé de la narración y fui muy feliz.
Desde la audiencia, Patricio Contreras se refirió a su interpretación en CenizasTener que interpelar al público era difícil, pero tenía buen apoyo en el escenario. Estaba muy bien dirigido. Le agradezco a Alejandro la experiencia de haber vivido ese trabajo. (Fotos: Ernesto Tuqui Donegana)

viernes, 6 de septiembre de 2013

Serie Cerro. El festín de la escena Cerro



Tu teatro acabalgado de asombro asombra, asoma de tanta poesía.
Arturo Carrera

"La profusión entre barroca y kitsch de Cerro aparece también en la puesta de Las Tilas, dice la crítica: “En Las Tilas se encuentra otra vez su barroquismo posmoderno, en forma y contenido. Un caudaloso reciclaje de materia de desecho, que arroja a borbotones para que estalle”. Los protagonistas nos cuentan pormenores de una función antológica:

En el estreno en el Die Schüle, –narra Roberto López– no teníamos escenografía, solo unos telones de Elba Bairon pintados en un rojo fogoso que usábamos de telón de fondo y dos sillas viejas. Cuando Emeterio llegó de Francia y vio eso no le satisfizo completamente, quería algo más barroco. Entonces salimos muy tarde de noche a buscar algo por las calles ya que al otro día era el estreno. Fuimos con Rodolfo Sanz y él encontró unas bolsas cerradas en la calles, a la espera del basurero municipal. Las abrimos y eran infinidad de panes duros. Nos miramos los tres y coincidimos: llenamos el escenario de panes duros. Luego, como se cortó la luz, Sanz llenó el escenario de 250 velas y así salimos al público y a la crítica.

Los personajes hiperbólicos de nuestro dramaturgo se mueven en este espacio habitado de objets trouvés que encienden la imaginación. Del mismo modo, el cuerpo de sus actores hace carne ese universo del exceso".

Fragmento de El festín de la escena Cerro, Lydia Di Lello. 
Publicado en la Revista on line Palos y Piedras del CCC 

miércoles, 15 de febrero de 2012

De mantos y coronas

El rey se muere, Eugène Ionesco. CCC, 2011
“¿Para qué nací si no era para siempre? Malditos padres.”  El protagonista de El rey se muere de Ionesco maldice su mortalidad. Siente que se acaba su cuerpo. Pero  su cuerpo “natural”,  el cuerpo sujeto a las pasiones y a la muerte, no es el único. Este cuerpo es apenas soporte de  su otro cuerpo,  el cuerpo político, el ungido por la gracia divina. Éste nunca muere.
Ante el deceso de un rey, sus dos cuerpos se separan y el cuerpo político inmortal se anida en otro cuerpo natural. Los signos externos de la unción divina están en los atributos: la corona, el cetro, el manto. Estos atributos devienen patéticos en el rey en ruinas creado por Ionesco. 
En la puesta que Lía Jelín hizo de esta pieza en el Centro Cultural de la Cooperación en 2011,  mi mirada se detuvo en uno de esos atributos: el manto real.
En el manejo del manto se  patentiza el camino irreversible de despojamiento que culmina con la muerte del rey. Aquí el manto es discurso. El largo, largo manto que zigzaguea detrás suyo. Lo maneja con cierta torpeza, pero no importa, es el rey. Cuando le anuncian su muerte, vacila, se defiende, se olvida de ese apéndice que lo sigue y que ahora manejan los demás.  La muerte lo espera entre bambalinas. El monarca se enfurece. Vocifera. Los cortesanos se cuelgan de su manto y lo despliegan como una bandera. Paso siguiente, lo pierde, es el manto el que lo abandona. Expuesto, desvestido, queda reducido a una suerte de cuna en la que intenta desesperadamente aferrarse al cetro que le dejan por condescendencia.
En su decadencia, el personaje se “desenviste”. El manto de la soberbia degrada en ropa interior. El trono en una silla de ruedas. Lo que sigue es el trono vacío y el momento de la muerte. La muerte real y la muerte simbólica se significan en un juego de telas que cubren y descubren.  El rey ya entregado se deja llevar, trastabillando, al que fuera su trono. Le cuesta articular palabras. El lenguaje se disuelve en éste, su momento final. Disuelto el lenguaje, la carne se ordena en materia.
De este proceso por el cual el soberano pierde el cuerpo segundo y sublime que hace de él un rey, y enfrenta  su precaria subjetividad, plasmado dramáticamente en el manto trata mi escrito El manto del rey publicado en la revista Palos y Piedras N° 12 http://www.centrocultural.coop/revista/articulo/255/