Hay quien dijo que lo más profundo es la piel. Como sea, la piel es la frontera con el mundo. La superficie de la belleza y el lugar de las heridas. Aunque lo disimule, el ojo también es piel. Una particularmente vulnerable. El exterior/interior se organiza en la mirada. Este espacio tiene que ver con la construcción de un modo de mirar. Una forma de subjetividad a través de un modo de mirar teatro.

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martes, 1 de noviembre de 2016

Chamé en el IAE

Chamé Triio

Este viernes 4 de noviembre, a las siete de la tarde, en el IAE vamos a hablar de teatro con el clown Gabriel Chamé Buendía.
Hablaremos del espectáculo 154 años de experiencia, que presentó en el Festival Alba-La Romaine con el célebre grupo Le Nouveau Nez. También repasaremos su exitosísima temporada en el teatro Le Villarroel  de Barcelona con Othelo y su unipersonal Llegué para irme.
Quizá quiera anticiparnos algunas líneas de su nuevo proyecto de poner otro texto de Shakespeare en clave de clown
.
Viernes 4 de Noviembre, 19 horas
Instituto de Artes del Espectáculo 25 de Mayo 217. 3er Piso
Entrada libre y gratuita


miércoles, 16 de diciembre de 2015

Los rostros que no somos

Gabriel Chamé Buendía en Last Call
El rostro es un lugar y el tiempo de un lenguaje, diría David Le Breton. En los viajes esas dimensiones no funcionan. Uno es lo que el pasaporte dice que es.¿Ahora, quién es uno? No nos parecemos en nada a esa imagen tres cuartos de perfil que exhibe nuestro pasaporte; la imagen ficticia de nuestra identidad legal.
La identidad del sujeto se define como un proceso discursivo, por tanto, dinámico y cambiante.Un proceso equiparable al “devenir”. Este devenir que nos constituye jamás podría ser capturado en una fotografía. La imagen apresada en el documento es inauténtica, mentirosa.
Este vacío del ser patentizado en la foto del pasaporte se hace risas en una situación trágica pero a la vez hilarante en Last Call, el unipersonal del inigualable Gabriel Chamé Buendía.
“Usted no corresponde al de la fotografía. Usted no es identificable. Usted no es Usted”, le dirán a Piola cuando exhiba su pasaporte. Desesperado por probar su identidad hará lo posible para parecerse a la foto sometiéndose a ese modo del control de un deber ser difuso, pero inapelable como la culpa.
Una vez aprobada la validación del pasaporte y del pasaje, Piola -como todo pasajero que, precisamente, pasa- adquiere el derecho de circular por el aeropuerto en un estado de “presunta inocencia”, estado que puede revertirse ante el más mínimo incidente. Piola, en un confuso episodio, pasa a ser un sospechoso y es conducido a una sala de interrogatorio.
Encerrado en una cabina, ajeno a lo que viene, juega, como un niño, en la superficie espejada del cubículo. Juguetón, gesticula y al hacerlo suspende el orden simbólico que rige los signos de su rostro. Hay un eje de organización en el rostro que rige la interacción social. En las muecas se quiebra ese orden, irrumpe el principio de placer y el sujeto se aleja sorpresivamente de “los deberes de expresión”. Las muecas de Piola son, entonces, una provocación lúdica que desorganiza. Rompe el orden habitual de la comunicación.
Pero es reprimido, lo vuelven bruscamente al orden, al eje ordenador del rostro según el principio de realidad.

Fragmento de: ¡I am! Identidad y clown en Last Call de Gabriel Chamé Buendía, Lydia Di Lello, presentado en las XXI Jornadas Nacionales de Teatro Comparado. 

martes, 3 de noviembre de 2015

Teatro en la tormenta

Era, cuentan, una torera  bárbara. Donde faltaba alguien, decían “Llamen a la Lucha”. "Para mí, salir al escenario, es tan lo mío -sostenía Lucha Sosa (legendaria actriz de circo)-, que yo hasta subiendo al toro me siento comodísima”.
El debut artístico de Chaplin sucedió a partir de una salida al toro. En 1894, el pequeño Charles de cinco años observaba desde  bambalinas mientras su madre estaba en escena. Su carrera estaba en decadencia, comenzaba a fallarle la voz. Durante esa función su gorjeo se quebró en medio de una canción. No se puede precisar si fue el  empresario quien  envió al niño a escena o fue por iniciativa propia que Charles, subió y cantó. Imitó la voz de Lily, incluyendo el desfallecimiento final. Fue un éxito. El público, encantado, arrojaba monedas al escenario. Cuenta la leyenda que él recogió las monedas y cantó otra canción.
Salir al toro, al público, sin previo aviso, ni ensayo, requiere del artista un enorme compromiso. Un poner a jugar el cuerpo sin retaceo. Ofrecerse  sin red. Una experiencia de esta naturaleza, una experiencia extraordinaria vivió Gabriel Chamé Buendía, por estos días en Canarias. Durante la exitosísima gira de su Othelo, un imprevisto impidió que uno de sus actores saliera a escena. Lejos de cancelar la función, Chamé lo reemplazó, ahí estuvo con su arte y su compromiso. Su cuerpo presente. Un director saliendo al toro.
Reproduzco parcialmente la carta de uno de los espectadores que Chamé compartió:
"Para mí ha sido una muestra de la profesionalidad y de las tablas que usted tiene sobre el escenario, ya que cualquier otro podría, simplemente, haber cancelado la representación, y sin embargo usted sacó adelante a ese barco de la tormenta, dejando al público con la boca abierta y en pie para aplaudir esta magnífica obra.
Su naturalidad, su frescura, su pasión por el arte se vieron reflejados sobre la escena. (...) Muchísimas gracias por hacerme conectar con el placer de jugar en la escena". Por salir al toro.


Gabriel Chamé Buendía en su Othelo. Canarias, octubre 2015.
Video Justina Grande





jueves, 27 de agosto de 2015

Risa con color trágico


Othelo, termina mal, recientemente en el CCK
y ahora de nuevo en La Carpintería
Una tragedia para morirse de risa: Othelo, termina mal, la versión en clave de clown del clásico shakespereano de Gabriel Chamé Buendía.
En un mar de tela navega un barquito de papel que traslada al Moro a la isla de Chipre. Desdémona mira embelesada a su Othelo y pega “grititos de amor” que hacen la delicia de los espectadores. Telas multifuncionales, cubos, gusanos de telgopor que devienen espadas son la materia rústica que se multiplica en una polifonía de sentidos en manos de cuatro payasos formidables.
La mirada desde el humor resignifica el hecho trágico, lo expande,  lo abre a otros sentidos.
La farsa potencia la tragedia. Muerte y de pronto, un gag. Y la risa estalla, poderosa, en la platea. Esta tragedia bufa está atravesada por una lógica otra, donde corren paralelamente estremecimiento e hilaridad. El contrapunto en la emisión diversa de los actores permite que el chiste, tomado seriamente, tenga más fuerza, lo que resulta en un crescendo de la tensión dramática. Y el efecto es multiplicador. El horror y la carcajada, como el mar y el cielo de Chipre, compiten y se amalgaman en una escena sin concesiones.
Disparate, potente acción dramática y poesía  recrean un Shakespeare audaz, vigoroso. Más vivo que nunca. El imperdible Othelo de Gabriel Chamé Buendía y sus actores. 

Ficha técnica:
Autor: William Shakespeare
Adaptación: Gabriel Chame Buendia
Actúan: Matías Bassi, Julieta Carrera, Hernán Franco, Martín López Carzolio
Vestuario: Gisela Marchetti
Escenografía: Jorge Pastorino
Diseño de luces: Jorge Pastorino
Diseño sonoro: Sebastián Furman
Fotografía: Gianni Mestichelli
Diseño gráfico: Matías Bassi
Asistencia de escenografía: Cecilia Stanovnik
Asistente de producción: José Luis Des Justo
Asistencia de dirección: Justina Grande
Asistencia De Escenas: Carola Fiadone
Prensa: Ezequiel Hara Duck
Producción ejecutiva: Micaela Fariña
Producción: Buendia Theatre
Jefe técnico: Fred Raposo
Dirección: Gabriel Chame Buendia
Teatro la Carpintería (Reestreno 2015) Jean Jaurés 858
Jueves 21horas, viernes 20 horas.    



sábado, 7 de junio de 2014

La tragicomedia de un fantasista

Gabriel tiene el talento de hacer
de su herida una sonrisa
que se abre al mundo,
Alain Gautre 
La belleza no tiene otro origen que la herida
Jean Genet.

Apenas una figura, que podría ser cualquiera de nosotros, se oculta detrás de una enorme pila de valijas temblequeantes. Valijas que se caen, inevitablemente. Es una clave de Last Call, la tragicomedia física que el inigualable Gabriel Chamé Buendía está presentando por estos días en el teatro Nacional Cervantes.
Ahora instala a su personaje, Piola, en uno de esos no-lugares del que nos habla Marc Augé, el aeropuerto. Aquí el lugar del orden y del control. 
Ese espacio donde uno deviene una mera presencia circunscripta al orden asignado, el del próximo lugar en la fila. El siempre sospechado, el de la identidad negada, siempre intentando demostrar quién se es. 
¿Pero quién se es? No nos parecemos en nada a ese tres cuartos de perfil que exhibe nuestro pasaporte; la imagen ficticia de nuestra identidad legal. Nuestro tiempo personal es robado y quedamos sujetos a los carteles efímeros que anuncian ininterrumpidamente salidas y arribos. Nuestro destino está en manos de la voz excéntrica de los altavoces que nos habla en un idioma ininteligible: una lengua internaciogutural, define Chamé. 
Al despliegue inagotable de recursos que genera estallidos de risa, al juego de mutua de potenciación de energía con el público que propone el teatrista, se suman momentos de profunda melancolía. Piola es un poeta triste sentado sobre su pila de valijas mirando un cielo ficticio.
Su voz se expande y se multiplica en resonancias inesperadas por medio de un micrófono que resulta en malentendidos en el discurso. Sueña ser otro, seductor, su cuerpo adornado de perfumes, en ese paraíso del consumismo que es el free-shop. Pero la magia se rompe. Temporalmente es despojado de su nariz roja. Despojamiento como un desgarro. Y el ojo intrusivo de una cámara se acerca de un modo inaudito a su rostro. Con violencia extrema busca traspasar la piel.
La voz de Batato Barea recita un poema de Alejandro Urdapilleta. Chamé hace música. Con su cuerpo, con instrumentos. Chamé es música. 
Y hay una cajita. Una cajita que porta la palabra de Dios. Dios, ese gran dramaturgo.





miércoles, 21 de mayo de 2014

Othelo y los payasos

"Yago presenta a Othelo en escena develándolo dentro de una columna hecha con cubos huecos, que lo contiene. Luego, cuando el villano derrama el veneno de la sospecha en los oídos del atribulado héroe, los actores adoptan una postura curiosa: uno vertical, el otro horizontal, segmentados, de nuevo, por cubos. Esta posición no es azarosa.Yago se reclina sobre el Moro que, en su horizontalidad, se deja invadir por la sospecha. La verdad distorsionada que impone el traidor deviene en el cuerpo  deformado de Othelo atormentado por los celos. Un matiz casi expresionista cruza este universo clownesco. Othelo ve corporizada su peor fantasía: su mujer y Casio enredados en el sexo. Las siluetas de actriz y actor cubiertas por una tela tornasolada por efectos de luz, se agitan crepitantes al ritmo de la lujuria sospechada".
Lydia Di Lello

Fragmento de Othelo y los payasos,  un análisis del Othelo de Gabriel Chamé Buendía (teatro La Carpintería), publicado en la revista Conjunto Casa de las Américas N° 170.

sábado, 11 de mayo de 2013

Sangre de mentirita



Las tragedias, lo sabemos, terminan mal. Pero, cuando Gabriel Chamé Buendía lo explicita en el título de su versión de Othelo, nos causa gracia. Esto que, parece apenas un chiste, devela, sin embargo, un procedimiento que se multiplica en su obra: una  puesta en clave de clown de la pieza shakespereana. La verdad trágica revelada en el humor. Una boutade que nos lleva a  reflexionar  involuntariamente sobre la tragedia, el ascenso y la caída del protagonista. La precipitación hacia el ineludible desastre.
Conocemos la epopeya de sí mismo que narra el moro para conquistar a Desdémona; el relato hiperbólico de sus hazañas que despiertan la piedad y admiración de la joven. Chamé Buendía atiborra el formato canónico con una serie de anécdotas delirantes, graciosísimas. Son, acaso, una puesta en abismo del discurso de Shakespeare. De eso se trata, no importa la veracidad de la narración, cuán disparatadas resulten las hazañas; se trata de que la red tejida por el relato atrape el deseo. Y es irresistible. Se produce un efecto de distanciamiento y profundización que reenvía al texto original.
La profusión de sangre que habita el universo trágico de Shakespeare también está presente, desde luego. Sólo que aquí se materializa en un aerosol que lanza “fideos” de sangre que inundan la escena cada vez que la violencia estalla.
Paradojalmente, la tragedia es potenciada por la farsa. Cuatro actores camaleónicos y recursos creativos que parecen inagotables recrean un Shakespeare genuino, potente. Vital y contemporáneo.